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Superación y desarrollo

Lo que no depende de vos, soltalo

Separar lo que controlás de lo que no ahorra energía para lo que sí podés cambiar. Una idea de casi dos mil años, aplicada a un día cualquiera.

3 min de lectura

Mandaste una propuesta de trabajo y ahora revisás el teléfono cada diez minutos. O estás esperando el resultado de un examen, o la respuesta de alguien, o que se despeje el tránsito. Te sentís ocupado, pero no estás haciendo nada: estás gastando atención en algo que ya no está en tus manos.

Una idea vieja, y por eso probada

El Manual de Epicteto, un filósofo estoico que vivió entre los siglos I y II, empieza con una distinción que sigue siendo útil. Según esa obra, hay cosas que dependen de nosotros y cosas que no. Las primeras son nuestras opiniones, nuestros impulsos, nuestros deseos y rechazos: en una palabra, nuestras propias acciones. Las segundas son el cuerpo, las posesiones, la reputación y los cargos: todo lo que no es obra nuestra.

No hace falta compartir toda la filosofía estoica para aprovechar esa primera página. Lo útil es la pregunta práctica que deja: ante cada preocupación, ¿qué parte es mía y qué parte no?

Tres columnas

Probá este ejercicio con una preocupación real. Escribila arriba y armá tres columnas:

  • Depende de mí. Lo que puedo hacer yo, sin pedirle nada a nadie.
  • Depende en parte. Donde mi acción influye, pero no decide.
  • No depende de mí. Lo que ya está fuera de mi alcance.

Un ejemplo armado, que no le pasó a nadie en particular: estás esperando el resultado de una entrevista de trabajo. Que te elijan no depende de vos: va a la tercera columna. Preparar un mensaje de agradecimiento, revisar tu currículum y postularte a otras dos búsquedas van a la primera. Cómo te perciben, en qué orden leen los mensajes o qué piensa cada entrevistador sobre tu perfil van a la del medio.

Una vez escrito, el mapa cambia la forma de pasar el día. La tercera columna ya no te pide nada, más que decidir cuánta atención le das. La primera te da tareas concretas. La del medio te obliga a buscar qué parte sí podés mover.

La trampa: resignarse

Soltar no es darse por vencido. La mayoría de las cosas que nos preocupan viven en la columna del medio, y ahí no corresponde ni obsesionarse ni desentenderse. Se trata de hacer lo tuyo con calidad y aceptar que el resultado tiene otros dueños además de vos.

Tampoco es fingir que no te importa. Podés querer mucho que algo salga bien y aun así reconocer que no lo controlás. Lo que cambia es dónde ponés el esfuerzo: en lo que puede moverse y no en lo que no.

Un criterio para el día a día

Cuando te descubras revisando por cuarta vez lo mismo, hacé una pregunta: ¿qué información nueva puede aparecer en los próximos diez minutos? Si la respuesta es «ninguna que dependa de mí», el gesto de mirar ya no te sirve. Es una manera de sentirte haciendo algo.

Para hoy

Elegí la preocupación que más atención te esté comiendo. Armá las tres columnas y hacé la primera tarea de la columna «depende de mí» que te lleve menos de diez minutos.


Fuente: Epicteto, Enquiridión (Manual), § 1. Hay muchas ediciones y traducciones; el capítulo 1 es la distinción entre lo que depende de nosotros y lo que no. Las descripciones de este texto son una paráfrasis, no una cita textual.

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