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Superación y desarrollo

Un no corto también puede ser amable

Dar muchas razones suele abrir la puerta a que te las discutan. Cómo decir que no con pocas palabras, qué hacer si insisten y cuándo conviene hablar más directo.

5 min de lectura

Escrito con ayuda de inteligencia artificial y revisado por el autor del sitio. Cómo se hace

Un ejemplo armado, que no le pasó a nadie en particular pero probablemente te suene. Un amigo te invita al cine. Vos estás cansado y querés llegar temprano a casa, así que decís: «Hoy no, tengo que llegar temprano». Él contesta: «Hay función a las cuatro, llegás temprano». Probás con otra razón: «Es que quedé con mi pareja». «Dale, avisale que venga». Y cuando te querés acordar estás sentado en la sala, cansado y un poco enojado, con él y con vos.

No te faltó ganas de decir que no. Pasó otra cosa: cada razón que diste se convirtió en un problema para que el otro lo resolviera.

Esta nota sale de una entrevista con Alba Cardalda, psicóloga clínica, que trabaja estos temas en consulta. Lo que sigue es su explicación y lo que ella ve en su trabajo, no resultados de estudios. Y hay una idea suya que da esperanza: según ella, la asertividad, que es poder decir lo que querés de forma clara y respetuosa, no es algo con lo que se nace o no se nace. Se entrena.

El «no» corto

Su primera propuesta es decir que no sin rodeos. Cuesta, porque parece mala educación. Pero ella le encuentra dos ventajas. La primera: tratás lo que sentís como razón suficiente, sin pedir permiso. La segunda: no le das al otro nada para discutir ni para resolver.

Su ejemplo, con otras palabras: «Gracias, pero hoy no, estoy cansado. Lo siento. Pasala muy bien». Lo último es un cierre de cortesía y funciona como punto final: seguís siendo amable, pero queda claro que no hay más para negociar.

Si tenés una razón corta y verdadera, podés darla. Lo que conviene evitar es la lista de excusas, porque cada una es una invitación a debatirla.

Tres variantes, según la situación

  • Con una alternativa. «Hoy no, estoy muy cansado, pero ¿y si mañana tomamos algo?». Le deja claro al otro que el «no» es a ese plan y no a él.
  • Pidiendo tiempo. «Dejame pensarlo y te aviso». No hace falta contestar en el momento: podés darte tiempo para ver si realmente querés.
  • Con el disco rayado. Si insisten, repetís la misma frase, con calma y sin subir el tono: «Hoy no, gracias. Pasalo bien». Es una técnica que describió el psicólogo Manuel J. Smith en 1975, y su gracia es que no hace falta inventar argumentos nuevos cada vez.

Cuando lo que te dicen te duele

Ante una crítica dura, Cardalda recomienda hablar desde el «yo» en lugar de acusar. Su razonamiento: cuando alguien se siente atacado, suele contraatacar, y la discusión crece. Por ejemplo: «Agradezco que me digas lo que pensás, pero no me siento cómodo con la forma en que me lo estás diciendo. ¿Me lo podés decir de otra manera?».

Y agrega algo que alivia: con las personas más cercanas cuesta más, y es normal, porque hay más cariño en juego y más miedo a no agradar. Pero justamente con ellas vale la pena tener esas conversaciones incómodas, porque es ahí donde la relación se puede cuidar.

Cuando ser suave ya no alcanza

Para la manipulación o la falta de respeto, ella sugiere ser más directo, incluso con frases en imperativo: «No me vuelvas a faltar el respeto». Y si sigue pasando, decir cuál va a ser la consecuencia, y cumplirla: «Si seguís faltándome el respeto, esta conversación termina acá». La consecuencia tiene que ser proporcional: llegar tarde a una cita no es lo mismo que una agresión. Este punto lo desarrollamos en la nota Poner límites sin culpa.

Si hay amenazas o violencia, eso no se resuelve con frases bien dichas: buscá a alguien de confianza o a los servicios de emergencia de tu país.

Los límites no son solo de cosas

Cardalda distingue cinco tipos: físicos (cuánta cercanía o contacto te resulta cómodo), emocionales (cómo se tratan tus emociones; cuando alguien invalida lo que sentís, cruza uno), sexuales, temporales (cómo usás tu tiempo) y materiales (lo que es tuyo). Los materiales son fáciles de ver: si alguien te saca algo, lo notás. Los demás no se ven, pero valen igual.

Su imagen es bien cotidiana: en una casa, cada uno puede cerrar la puerta de su cuarto cuando quiere estar solo, y a nadie le parece una ofensa. Cuidar un límite emocional puede ser igual de natural que eso. Y lo mismo vale al revés: si alguien te dice que algo le molesta, no es un ataque, es la puerta de su cuarto.

Saber que tenés derecho ayuda

Ella menciona los llamados derechos asertivos, entre ellos expresar lo que sentís o pensás, ser tratado con respeto, mostrar desacuerdo, decir que no, cambiar de opinión, equivocarte y disponer de tu tiempo. La única responsabilidad que traen es respetar esos mismos derechos en los demás. La lista del psicólogo Manuel J. Smith, de 1975, incluye uno que encaja justo con todo lo anterior: el derecho a no dar razones ni excusas para justificar lo que hacés.

Si ya venías diciendo que sí

Cardalda cuenta que en consulta ve esto con frecuencia: cuando alguien cede varias veces seguidas, el otro empieza a dar el sí por hecho, y un «no» posterior le cae como un cambio de reglas. Por eso ella aconseja decirlo desde la primera vez que algo no te viene bien.

Si ya llevás tiempo diciendo que sí a todo, no significa que hayas hecho algo mal ni que sea tarde: es una costumbre, y las costumbres se pueden cambiar. Puede que el primer «no» sorprenda. Con una frase corta y amable, repetida con calma, esa nueva forma de responder se va acomodando.

Para hoy

Buscá una invitación o un pedido de esta semana al que normalmente le darías vueltas. Contestá con tres partes y sin explicar: «Gracias», «hoy no» y un cierre amable, como «pasala muy bien». Si en el momento no te sale, usá la variante del tiempo: «Dejame pensarlo y te aviso». Después anotá qué pasó de verdad, que muchas veces es menos de lo que temías.


Fuentes: entrevista de Noelia Esteban a Alba Cardalda, «Cómo dejar de ser tu peor enemigo | Alba Cardalda, psicóloga», canal AprendemosJuntos. Las ideas de la entrevista están resumidas y parafraseadas a partir de los subtítulos del video; son la explicación y la experiencia de consulta de la entrevistada, no estudios. Smith, M. J. (1975). When I Say No, I Feel Guilty, libro donde propuso su «Declaración de derechos asertivos» y describió la técnica del disco rayado.

Las notas son reflexiones y no reemplazan la atención profesional.

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